Ilegible



Codifico la estrategia en esta forma nueva de ser sin ser yo misma. Dejé atrás la transparencia pública para incubar privadamente dióxido de silicio que mortifique la luz trémula de la geoda, oculta tras una roca ígnea poco efusiva con la multitud.

Mientras la arena hace juegos malabares a destiempo, ordeno los anaqueles del muro de contención. Desecho los libros de lenguas inútiles, los códices miniados tristes, los diccionarios de amargura, la enciclopedia desesperada de la insurrección y, en su lugar, acomodo los tratados axiomáticos, las obras ejemplares, el vademécum de invulnerabilidad... redactados en el idioma materno de la senectud del eremita, legibles para expertos en cecografía. 


El arrepentimiento en cilicio y ceniza cambió los esquemas de la utópica remisión condicional de la pena negra. No hay vestigio de vértigo ni asomo a balconadas lúgubres. Será que lo cotidiano e intrascendente dejó ya de interesarme. 


Y así, entre códigos cifrados, fluyo ilegible, más indescifrable que nunca para la turba, sólo apta para el ciego incólume provisto de tacto y buena memoria.



Comentarios

  1. Hay personas ilegibles, algunas por eso incomprendidas. Algunas no armonizamos con la cotidianidad cada vez más abusrda de estos "modernos" días.

    Te abrazo fuerte Mabel querida

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    1. Poco me importa ya el ser una incomprendida, a todo se acostumbra uno. Si te soy franca, incluso lo prefiero. Antes de llegar a ser tan gili que necesite la aprobación y comprensión de tanto botarate ansioso de fábulas, palmaditas en la espalda y ración de hueso... virgencita, que me quede ilegible e incomprendida tal como estoy. :)

      Un saludo Charles López. Gracias por pasar.

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  2. ¿Quién podría comprendernos Mabel? Mucho menos si ni siquiera se toman la molestia de mirarnos, de vernos, de admirarnos incluso, de escuchar qué nos gusta, qué nos duele, qué nos lastima, qué nos hace llorar de alegría y qué nos hace llorar de tristeza.
    Poca gente se toma la molestia y a veces descubrimos que nos conocen más de lo que creeríamos posible. Para algunos no somos tan ilegibles.

    Te abrazo querida Mabel.
    Besos

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  3. Mucha culpa es nuestra, Gildo querido. Los tenemos mal acostumbrados. Nos olvidamos de nosotros para mirar, ver, admirar, escuchar, comprender, empatizar... con el otro. Y dejas de advertir que si eres invisible para ti mismo, también lo eres para aquel por el que tanto te desvives. Menos mal que aún quedan ciegos dispuestos a leerte en braille que te devuelven la condición legible, la sonrisa y la esperanza y también la capacidad de reconocerte como ser querido merecedor de todas tus atenciones.
    Fuerte abrazo aderezado de muchos besos.

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